Nucho86

 
Afiliado: 01/07/2009
¬¬ Ocupado viviendo eso que algunos llaman "vida"
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No hablo mucho, prefiero escuchar

En casa alquilamos habitaciones. Un primo mío, que ya estaba separado de su mujer pero dormía en su oficina con aire acondicionado en un cómodo colchón me llama para pedirme que le preparara una habitación.

Yo le dije que estaba bien y en mi mente pensé que iba a venir con una mujer. Para mi sorpresa llegó solo, le di la llave, le enseñé la habitación y le dije “bueno ahora me voy a dormir” (era tarde, como las 11pm) y en ese momento me dijo “¿te vas a dormir tan rápido? mejor vamos a hablar un poco” y sacamos las sillas para afuera, le preparé una bebida, no hacía brisa, la noche era calurosa, el ladrido de los perros, la calle mal alumbrada con pocos focos, y nosotros ahí hablando, bueno él lo hacía, me contó todos sus problemas, el por qué fracasó su matrimonio, las bellacadas que hacía y amaneció hablando, luego nos fuimos a caminar. Noté que al dejarlo en su oficina se sentía un poco mejor y entonces comprendí todo: él no necesitaba una habitación, necesitaba a alguien que lo escuchara con atención y lo comprendiera.

Y sobre este sujeto podría escribir un vlog entero, es un mujeriego empedernido por eso la mujer lo botó pero aún sigue enamorada de él. La mujer le hubiese perdonado todas sus infidelidades y soportado cualquier otra infidelidad pero con una condición, que no volviese a hablarle más a una mujer en específico (tal vez con la única que le cae mal por ser más bella, inteligente y de dinero que ella)

Y vaya, mi prima política es una mujer extremadamente atractiva, tal vez algún día les ponga una foto. No es broma, es demasiado atractiva. Es la belleza venezolana en su máxima expresión y no es sólo bella exteriormente sino un excelente ser humano. Una mujer llena de los valores y principios, éticos y morales. Es contadora colegiada y ejerce su profesión. Su rival es abogada. Mi primo es un próspero empresario de la construcción.

Otra amiga me mandó a avisar que la llamara. La llamé y pasó 3 horas 12 minutos hablando y yo escuchando. Yo nunca había hablado tanto por teléfono, mis llamadas apenas duran 4 minutos en promedio. Yo pago por un plan de 1200 minutos al mes pero gasto menos de 100. Oh amiga querida te mando un fuerte abrazo.

Y mi amigo Julio QEPD, un anciano de 80 años que me rentó una habitación en mi época de estudiante. Me hablaba durante horas, un monólogo total. A veces repetía las mismas historias que ya yo me sabía hasta el cansancio.

Yo sentía que se desahogaba conmigo cada vez que hablaba, que añoraba el pasado, que lamentaba muchas cosas de su vida. El hijo de él, de 58 años cada vez que escuchaba la conversa se molestaba, “mira Julio deja de estar contándole a Juan las mismas cosas todo el tiempo que lo debes tener aburrido” pero a un anciano que necesitaba ser escuchado yo no le podía hacer ningún desprecio.

Yo sabiendo lo bien que se sienten las personas después de haber sido escuchados decidí probar suerte y saber si alguno de los que yo consideraba mis tres mejores amigos eran capaces o podían llegar a ser capaces de escucharme

El primero me notaba incómodo, interrumpía constante la conversación para hablar con su mujer. Y luego me cortó repentinamente, yo pensé que se le había caído la llamada o acabado la batería y me en breve me devolvería la llamada pero nunca lo hizo. Te entiendo amigo tienes cosas más importantes que hacer.

El segundo ni siquiera sabía ni quién era, no se acordaba de mi voz y sólo me hablaba porque pensaba que yo era otra persona. Al enterarse que era yo prácticamente me pidió finalizar la llamada. Tranquilo no pasa nada.

Y con el tercero pasó algo similar que con el primero, salvo que éste me dijo que lo llamara en 30 minutos y cuando lo hice me dijo que no se escuchaba bien. Al otro día mandé a cambiar el micrófono del teléfono y le pedí que me diera otra audiencia pero leyó mi mensaje y nunca me respondió.

 Son tiempos difíciles, no estamos para perdiendo amistades. Yo con todos mis defectos me considero un amigo incondicional capaz de dar y ayudar. Yo quería cerciorarme hasta donde eran capaces de llegar y si eran incondicionales conmigo, reforzar los lazos de nuestra amistad.

 Me parece un error por parte de ellos, pero cada quien tiene su vida, los amigos van y vienen.

Pronto les contaré sobre otros amigos y otras novias.